Cómo superar el desamor y la pérdida

Ésta es una de las cuestiones que más lleva a las personas a buscar ayuda de un psicólogo o coach. El mal de amores, como coloquialmente lo conocemos, ocasiona en la mayoría de los mortales un alto nivel de inestabilidad emocional, que si no gestionamos correctamente puede afectar a otras áreas de nuestra vida, como el trabajo, las relaciones familiares o la amistad.

Lo primero que yo suelo decir a la persona que acude a mí profesionalmente para aprender a superar una ruptura sentimental, es que toda relación es una oportunidad que nos da la Vida para trabajar aspectos de nosotros que, sin esa persona, no habrían salido a la luz. Es una gran oportunidad para crecer como personas. Yo sé que no es fácil encajar esto que acabo de decir, lo primero porque creo que la persona está en esos momentos tan agarrada a su emoción negativa que le es difícil separarse de ella, y lo segundo, porque se requiere cierto nivel de consciencia y madurez emocional para entenderlo.

Cuando dos personas deciden compartir algo, sus energías deben combinarse en una especie de danza donde el movimiento, el intercambio y el fluir son esenciales. Pero nos equivocamos a menudo cuando intervienen las ideas o los sentimientos posesivos, cuando convertimos la relación en algo inamovible, endogámico, sin posibilidad de establecer otras conexiones o cuando primamos la seguridad y el miedo sobre todo lo demás.

Estamos hechos a imagen y semejanza del Universo, pero si nos fijamos bien, en el Universo no existe la posesión.

En el Universo no hay nada atrapado, nada está atado a nada. Todo está en continuo movimiento y transformación. Todo fluye.

Por eso las estrellas, las galaxias y la vida ahí afuera son tan espectaculares, tan mágicas y tan fascinantes, aunque también con inevitables choques y colapsos. Pero siempre nos ofrece la oportunidad de maravillarnos. Así es la vida y así deben ser las relaciones.

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Entender porqué se producen las separaciones entre las personas es fundamental para evolucionar. Toda relación personal es una prueba de nivel, como si fuera uno de esos típicos videojuegos en los que uno debe superar diferentes pruebas. Pero en toda relación de pareja hay tres tiempos: el de la relación en sí (si creemos en el destino) y los de cada uno de las dos personas. Cuando uno de esos tres tiempos toca el fin de esa experiencia, de ese contacto, ya nada tiene razón de seguir siendo. Entonces, es cuestión de ser respetuoso con el tiempo de la otra persona y del nuestro, de respetar las leyes del Universo. Saber decir adiós y hallar la paz en ello es un arte que por cierto, nadie nos ha enseñado. Yo personalmente, ante una situación de ruptura sentimental, aprendí a decir o a aceptar un “adiós” cuando aprendí a decir un “gracias”. Gracias porque, como decía al principio del post, tenía una oportunidad para mejorar, crecer y evolucionar.

Otra pregunta sobre la que he reflexionado mucho es por qué las relaciones suelen acabar de mala manera. Y creo que he llegado a la conclusión de que la causa está en la interpretación que hacemos, consciente o inconscientemente del fin de toda relación. Lo interpretamos como un fracaso, como un abandono, como que no hemos sido capaces de enamorar a la otra persona,…en definitiva, lo interpretamos desde el miedo, la culpa, el ego, desde la posición de víctima. Y no solemos aceptar la ruptura porque no entendemos que quizás, el tiempo de la otra persona ya ha acabado.

Para mi fue muy importante llegar a esta reflexión, pues ésta me hizo entender más fácilmente que cada ruptura que experimentamos en nuestra vida implica una lección que debemos aprender, supone un salto de nivel, y por tanto, no es algo que debemos lamentar, sino agradecer.

Estemos solos o envueltos en diferentes relaciones de amistad, amor, etc, tenemos que tener el valor de ser independientes y de tener nuestra propia individualidad, ser una estrella con luz propia. Y eso es sagrado por encima de cualquier relación. Solo entonces podremos establecer relaciones sanas y, llegado el caso, terminarlas también de forma saludable. Para tener relaciones sanas y para que el desapego no sea traumático, es fundamental tener una vida personal plena. Porque si no tenemos vida propia, es fácil que hagamos una entrega del “yo” en cada relación o que proyectemos en el otro lo que somos en el fondo pero no nos atrevemos a reconocer o trabajar. Cuando una relación de amistad o amor es auténtica, ambos tienen espacios y tiempos para crecer, para experimentar, para sentirse vivos. Cuando la relación está en marcha, ambos deben tener libertad para explorar, para entusiasmarse con la vida y para tener ilusiones, dentro de los márgenes que sean tolerables para ambos. Porque si las limitaciones están por encima de todo, la unión acaba marchitándose o colapsando sin remedio, en traiciones, depresión,…

En el Universo ocurre que millones de estrellas forman una galaxia, pero cada estrella tiene su propia personalidad, su propio cielo, su propia química,todas se condicionan entre sí, es inevitable porque todas interactuan, pero ninguna anula a la otra.

No querer aceptar el fin de una relación es ir en contra de las leyes del Universo, en el que todo nace y muere, en el que todo se expande y se contrae, como el propio corazón humano. Un corazón que únicamente hiciera acopio de sangre pero que no pudiera soltarla, que no pudiera bombearla hacia el resto del cuerpo, sería un corazón enfermo que provocaría la muerte; Tomar, soltar, es una de las grandes leyes del Universo.

Ante una situación de ruptura o pérdida sentimental, se nos plantea el gran reto de superarlo. Y yo estoy convencida de cuáles son los ingredientes en los que hay que focalizarse para conseguirlo: aceptación (no confundir con resignación), responsabilidad, agradecimiento, confianza (en uno mismo y en el futuro), autoestima y coraje.